2.3 Familia Basso
Las hijas de Basso: herederas de un sistema que no construyeron
Cuando Gustavo Basso murió el 28 de noviembre de 2024, desapareció la figura que durante décadas había concentrado, junto a Pablo Carrasco, el control del dinero, la información y las decisiones dentro del entramado empresarial que sostenía a Conexión Ganadera. Ese vacío dejó directamente expuestas a sus dos hijas, Agustina y Candelaria Basso.
Hasta ese momento, ambas habían vivido en la órbita familiar del empresario, pero no en el centro del sistema financiero que hoy investiga la Justicia. Durante más de veinte años, el funcionamiento de Conexión Ganadera estuvo marcado por las decisiones de Gustavo Basso y de su socio histórico, Pablo Carrasco, quien además era una de las caras visibles del negocio.
Las hijas no formaban parte de ese núcleo de conducción. Sus nombres aparecían vinculados a algunos bienes o sociedades del entorno familiar, algo relativamente habitual en empresas construidas alrededor de una figura dominante. Pero la estructura del negocio y las decisiones financieras que lo sostenían fueron tomadas por quienes dirigían la empresa.
Dos trayectorias personales
Agustina y Candelaria crecieron en una familia profundamente vinculada al mundo rural. Sin embargo, sus trayectorias personales no se desarrollaron originalmente dentro del núcleo empresarial que sostenía a Conexión Ganadera.
En el caso de Candelaria Basso, su perfil público aparece asociado a su formación como psicóloga, una actividad profesional alejada del funcionamiento de estructuras financieras o fondos de inversión.
En el caso de Agustina Basso, la información pública la vincula principalmente al entorno familiar y a algunas empresas relacionadas con el grupo, pero no como parte de la conducción estratégica del negocio.
El momento en que todo cambió
La muerte de Gustavo Basso alteró completamente ese escenario.
De un día para otro, el sistema empresarial quedó sin la persona que había manejado durante décadas la información financiera del grupo. Lo que hasta ese momento funcionaba como una estructura organizada pasó a convertirse en una crisis empresarial y judicial que otras personas tuvieron que enfrentar.
En ese contexto, las hijas del fundador debieron involucrarse en decisiones vinculadas al patrimonio familiar en medio de un proceso que recién comenzaba.
El foco de la investigación
Las actuaciones judiciales que involucran a Agustina y Candelaria Basso se centran principalmente en su presencia formal en algunas sociedades del entorno familiar y en decisiones patrimoniales adoptadas tras la muerte de su padre.
A partir de esas circunstancias, algunos representantes de damnificados han solicitado que se investigue su posible responsabilidad en determinados delitos vinculados al manejo de activos del grupo.
Ambas hermanas han sido citadas por la Fiscalía especializada en lavado de activos en calidad de indagadas. Sin embargo, incluso dentro de la investigación hay un punto que permanece claro: el sistema empresarial que dio origen al caso fue diseñado y administrado durante años por quienes lo dirigían, sin que ellas tuvieran nada que ver.
Las hijas de Basso aparecen dentro del expediente principalmente por su relación familiar y por su vinculación formal con algunos bienes o sociedades del entorno empresarial.
El peso de una herencia
El caso de Agustina y Candelaria refleja una situación que no es extraña cuando colapsa una estructura empresarial construida alrededor de una figura central.
La muerte de Gustavo Basso dejó a su familia frente a una herencia compleja: empresas en crisis, activos bajo revisión judicial y una investigación que apenas comenzaba.
En ese contexto, sus hijas quedaron inevitablemente vinculadas al proceso. La investigación continúa abierta y será la Justicia quien determine el alcance de las responsabilidades dentro del caso. Pero incluso dentro de ese proceso, el origen del sistema que hoy se analiza sigue estando en las decisiones de quienes lo construyeron durante décadas.
Alfredo Rava: el trabajador del escritorio

1. El técnico que trabajaba para Basso
Alfredo Rava no fue fundador de Conexión Ganadera ni formó parte del grupo que diseñó el sistema financiero que sostuvo durante décadas al fondo ganadero. Su llegada al entorno empresarial de Gustavo Basso fue posterior, cuando el negocio ya llevaba años funcionando.
Rava es técnico agropecuario y comenzó a trabajar en el escritorio rural Gustavo Basso Negocios Rurales en 2013, desempeñando tareas propias del trabajo rural: visitar establecimientos, coordinar logística, buscar negocios ganaderos y mantener contacto con productores.
Su rol estaba vinculado al terreno y a la operativa cotidiana del escritorio, no al diseño del negocio financiero que sostenía Conexión Ganadera.
En 2016 se casó con Agustina Basso, hija del fundador, lo que terminó de integrarlo al entorno familiar del empresario. Dentro del escritorio rural pasó a asumir más responsabilidades operativas, principalmente en tareas de supervisión y coordinación de negocios.
Algunas de sus funciones tenían un carácter administrativo. Según sus propias declaraciones, Gustavo Basso le pedía que utilizara su correo electrónico personal para realizar ciertos trámites o declaraciones juradas porque él mismo no manejaba herramientas informáticas.
Ese tipo de tareas reflejaban el funcionamiento de un escritorio rural tradicional, muy centrado en la figura de su dueño, donde muchos aspectos operativos dependían directamente de las instrucciones del titular.
Dentro del sector ganadero, Rava era conocido principalmente como empleado del escritorio de Basso, no como uno de los responsables del sistema de inversiones de Conexión Ganadera.
Incluso en noviembre de 2024, poco antes de que estallara el caso, fue designado tesorero de la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG). Tras la muerte de Basso y el inicio de la investigación judicial, presentó su renuncia.
El 28 de noviembre de 2024 marcó un punto de inflexión. Ese día murió Gustavo Basso y el sistema empresarial que él había construido durante décadas comenzó a desmoronarse. En los días posteriores, Rava permaneció dentro del escritorio rural intentando mantener la operativa básica mientras se intentaba entender la situación financiera real del grupo.
2. Por qué aparece en la investigación
El vínculo familiar con Gustavo Basso y su trabajo dentro del escritorio rural hicieron que Alfredo Rava apareciera dentro del expediente judicial.
La Fiscalía especializada en Lavado de Activos lo investiga actualmente en calidad de indagado, una situación que comparten muchas personas vinculadas al entorno empresarial del grupo. La investigación analiza principalmente algunas operaciones financieras realizadas tras la muerte de Gustavo Basso.
Entre ellas se encuentran transferencias de dinero realizadas por Rava y su esposa hacia cuentas administradas por Daniela Cabral, viuda del empresario. Según su explicación ante la Fiscalía, esas operaciones respondían a la necesidad de canalizar pagos y cancelar compromisos del escritorio rural en un momento en que las cuentas vinculadas al fundador habían quedado bloqueadas por la situación sucesoria.
También se examinan algunas operaciones patrimoniales realizadas por Rava y su esposa, entre ellas la compra de tres campos rurales en 2022 —uno en Florida y dos en Durazno— por más de 1,5 millones de dólares. La defensa sostiene que esas adquisiciones fueron financiadas a través de un proyecto de crédito del Banco República (BROU).
Otro punto analizado por la investigación es su aparición en registros vinculados a Pasfer S.A., empresa que operaba como tomadora de ganado dentro del sistema. En algunos registros oficiales figuraban animales a nombre de Rava. Según su explicación, esa práctica respondía a acuerdos operativos habituales dentro del negocio ganadero, donde determinados animales podían registrarse temporalmente a nombre de personas vinculadas al escritorio.
Tras el estallido del caso, un conteo oficial del Ministerio de Ganadería (MGAP) detectó diferencias entre los registros y la existencia física de algunos animales vinculados a esos registros.
La investigación también revisa transferencias recibidas desde Frigorífico Casablanca (Fricasa) tras la muerte de Basso. En total se registraron 14 transferencias por 280.518 dólares hacia cuentas de Rava y su esposa. Según su versión, esos pagos correspondían a créditos del escritorio rural vinculados a operaciones comerciales previas.
En el concurso de Bamidal S.A., frigorífico de ovinos propiedad de Basso, Rava y su esposa también reclamaron el reconocimiento de un crédito por 30.000 dólares, reclamo que fue rechazado por el síndico por falta de documentación suficiente.
3. Su lugar dentro del caso
La cuestión central en torno a Alfredo Rava es cuál era realmente su nivel de decisión dentro del sistema que sostenía Conexión Ganadera.
Hasta el momento, la investigación coincide en un punto: el diseño del negocio y el control del dinero estaban concentrados en Gustavo Basso y su socio Pablo Carrasco, quienes dirigieron la empresa durante más de dos décadas. Dentro de esa estructura, Rava ocupaba un lugar distinto.
Su actividad estaba vinculada principalmente al trabajo operativo dentro del escritorio rural, a la coordinación de negocios ganaderos y a tareas administrativas que el propio Basso le delegaba. Su aparición dentro del expediente judicial se explica principalmente por su vínculo laboral con el fundador y por su posterior vínculo familiar.
La investigación busca determinar si algunas de las operaciones realizadas tras la muerte de Basso formaron parte de la administración del patrimonio familiar o si tuvieron otro significado dentro del caso. Por ahora, su situación procesal continúa siendo la de indagado.
Pero incluso dentro de esa investigación, el punto central del caso permanece inalterado: el sistema financiero que sostuvo durante años a Conexión Ganadera fue diseñado por quienes lo crearon.
Alfredo Rava trabajaba dentro de ese sistema. No lo dirigía.
