4.2. La versión de los acusadores

Un sistema que no cerraba y responsabilidades que se conectan.

La versión de los acusadores parte de una premisa distinta: lo ocurrido en Conexión Ganadera no se explica como un negocio que falló, sino como un sistema que, en algún punto —o desde su concepción—, no podía sostener lo que prometía.

Desde esta mirada, el hecho de que durante años se haya pagado a inversores no invalida la hipótesis, sino que la refuerza: esos pagos deben explicarse, no asumirse como prueba de normalidad.

A partir de ahí, el foco se pone en la estructura.

El núcleo: dirección y control

Para los denunciantes, Pablo Carrasco no es solo la cara visible del negocio, sino un actor con responsabilidad directa en su funcionamiento. Su rol como cofundador, su exposición pública y su participación en sociedades clave lo sitúan —según esta versión— dentro del nivel de decisión.

En el caso de Ana Iewdiukow, la acusación es aún más concreta: su participación en Hernandarias XIII, la firma de contratos y su presencia en estructuras patrimoniales la ubican como una pieza activa dentro del sistema, no como una figura secundaria.

Hernandarias, de hecho, es uno de los ejes del relato acusador: la empresa por la que pasaban la mayoría de los contratos vinculados al ganado, donde aparecen las principales inconsistencias entre lo declarado y lo encontrado.

La estructura operativa

A partir del núcleo, la acusación extiende la responsabilidad hacia quienes sostuvieron el funcionamiento del sistema.

Martín Bartol aparece como una figura clave en la operativa diaria: coordinación, firma de contratos y organización interna. Desde esta perspectiva, su rol no se limita a ejecutar, sino que contribuye a hacer posible el sistema.

Maximiliano Rodríguez, a través de Pasfer, es señalado como una pieza fundamental en la gestión del ganado. Las diferencias detectadas entre registros y existencias reales lo sitúan, según esta versión, en el centro del problema del respaldo productivo.

Jorge Cunietti, por su parte, aparece vinculado a la canalización de activos y a la titularidad de bienes que podrían haber formado parte del circuito del dinero. La acusación lo sitúa como algo más que un tercero comercial.

 

El entorno y el movimiento del dinero

La acusación también se extiende al entorno más cercano.

En el caso de Gustavo Basso, la acusación lo sitúa como una de las figuras centrales del sistema. Se lo señala como responsable de la captación de inversores, de la articulación financiera entre sociedades vinculadas al grupo y de buena parte de los movimientos de dinero que hoy investiga la justicia. Su muerte, ocurrida antes del estallido público del caso, dejó sin respuesta directa muchas de las decisiones que hoy forman parte del expediente.

En el caso de Daniela Cabral, Agustina Basso y Candelaria Basso, el foco está en su presencia en sociedades, en la recepción de fondos y en decisiones patrimoniales adoptadas tras la muerte de Gustavo Basso. Para los denunciantes, estas actuaciones no pueden separarse del contexto del sistema.

Alfredo Rava es analizado en la misma línea: su participación en movimientos de dinero, su vinculación con estructuras operativas y su posición dentro del entorno familiar lo sitúan dentro del circuito investigado.

En cuanto a Marcela Carrasco, la acusación se centra en el volumen de operaciones financieras, entendiendo que, por su magnitud, requieren una explicación que las vincule —directa o indirectamente— con el sistema.

Un sistema que se sostiene mientras entra dinero

Más allá de los nombres, el relato de los acusadores tiene un eje técnico claro:
la sostenibilidad del modelo.

Se pone el acento en la diferencia entre rentabilidades prometidas y las que realmente puede generar el negocio ganadero, en la dependencia de nuevos aportes y en la continuidad de la captación de fondos en momentos en que la estructura ya estaba tensionada.

En este marco, cada actor —con distinto nivel— forma parte de un mismo engranaje.

Una misma lógica, múltiples roles

La versión de los acusadores no se construye sobre hechos aislados, sino sobre la idea de sistema.

No se trata solo de contratos o transferencias, sino de cómo esos elementos se conectan entre sí.

Desde esta perspectiva, las diferencias de rol no eliminan la responsabilidad, sino que la distribuyen:
quien dirige, quien gestiona, quien ejecuta, quien canaliza o quien recibe.

Y es esa conexión —más que cada hecho individual— la que, según esta versión, explica lo ocurrido.



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