4.1. La versión de los acusados
Un negocio que funcionó, una estructura que se rompió y responsabilidades que no son iguales.

La versión de los acusados parte de una idea común: Conexión Ganadera no fue, para todos los que participaron, una estructura evidente de fraude desde el primer día. Durante años hubo contratos, pagos, reinversiones e inversores que cobraron. Esa continuidad permitió construir confianza y, desde dentro, reforzó la percepción de que el negocio existía y funcionaba.
A partir de ahí, cada defensa introduce su propio matiz.
Pablo Carrasco sostiene que su rol estaba ligado al campo, al ganado y a la expansión productiva, no al corazón financiero del sistema. Su versión separa la imagen pública que tenía como cara visible del negocio de la gestión real de los fondos. El punto central de su defensa es que no manejaba las cuentas ni conocía el estado completo de la estructura financiera.
Ana Iewdiukow plantea algo similar desde otro lugar: reconoce participación operativa, especialmente en Hernandarias XIII, pero niega haber tenido control sobre la arquitectura económica global. Su defensa insiste en que actuaba dentro de un sistema dirigido por otros y que muchas de sus decisiones se explican por confianza, ejecución y rutina empresarial.
Marcela Carrasco basa su versión en la desconexión: los movimientos financieros que se le atribuyen corresponderían a su actividad profesional y no a Conexión Ganadera. Su defensa agrega además distancia personal respecto a su padre y ausencia de participación en las decisiones del negocio.
El entorno de Gustavo Basso introduce otro eje: la muerte del fundador como punto de quiebre. Para Daniela Cabral, Agustina Basso, Candelaria Basso y Alfredo Rava, la defensa busca situar sus actuaciones principalmente después del colapso o dentro de una estructura familiar que no diseñaron. La idea central es que quedaron frente a una herencia empresarial compleja, con cuentas, sociedades, deudas y urgencias, sin haber sido quienes construyeron el sistema.
En el caso de Daniela Cabral, la defensa insiste en que su vínculo con la estructura debe entenderse desde un lugar distinto al de los perfiles de dirección. Su figura aparece asociada principalmente al entorno familiar de Gustavo Basso y a sociedades como Don Coraje, donde figuraba formalmente como tomadora externa de ganado. Sin embargo, su versión sostiene que no participaba del diseño financiero ni de la toma de decisiones estratégicas del grupo. Quienes la defienden la describen más como una mujer vinculada a la vida familiar y doméstica del entorno Basso que como una ejecutiva del negocio, señalando que muchas de las actuaciones que hoy se investigan ocurrieron en un contexto posterior a la muerte de su esposo y dentro de una estructura ya desbordada.
En el caso de las hijas de Basso, el argumento es todavía más específico: no eran parte del núcleo que captaba inversores ni dirigía Conexión Ganadera. Su presencia en sociedades o bienes se explica, según esta lectura, por la lógica patrimonial de una empresa familiar dominada por la figura del padre.
Alfredo Rava se presenta como trabajador del escritorio rural, no como arquitecto del negocio. Su versión es que ejecutaba tareas, coordinaba la operativa y respondió a instrucciones dentro de un sistema ya armado. Las decisiones posteriores a la muerte de Basso, según esa defensa, deben leerse como intentos de ordenar pagos y obligaciones, no como conducción del esquema.
Martín Bartol, en cambio, ocupa un lugar más difícil de explicar desde la defensa. Como gerente general, su versión debería apoyarse en la diferencia entre ejecutar y decidir: podía organizar la operativa diaria, pero eso no necesariamente implicaba controlar el diseño total del negocio ni el destino final de los fondos.
Maximiliano Rodríguez sostiene que su relación con el sistema se daba a través de Pasfer y de acuerdos operativos con Basso. Su defensa apunta a que actuaba dentro de prácticas ganaderas y financieras que le eran presentadas como parte del negocio, no como parte de una estructura irregular.
Jorge Cunietti plantea una lógica parecida: se presenta como empresario ganadero con vínculos comerciales reales, no como pieza interna del sistema. Su defensa busca separar la relación comercial de integración en una maniobra de ocultamiento.
En conjunto, la versión de los acusados no niega que haya contratos, sociedades, transferencias o bienes bajo investigación. Lo que se discute es el significado de esos hechos.
Para ellos, no todos los nombres del expediente ocupaban el mismo lugar. No es lo mismo fundar, dirigir, ejecutar, trabajar, heredar o estar vinculado familiarmente. Y esa diferencia —dicen— es la que debe ordenar el caso antes de cualquier condena.